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Y los sueños, sueños son

Las 6:20 a.m., un mal sueño ha provocado que mi cuerpo reaccionase ante las imágenes que mi cerebro estaba haciéndole llegar a mis ojos. Estos mismos se abren sin querer ver más allá, rápidamente cambio de postura y cambio de postura y…ya no puedo dormir más. Una idea me viene a la mente así que, si no puedo dormir porqué no llevarla a cabo…y aquí estoy, delante del ordenador, para hablaros de los perturbadores de la noche.

¿Perturbadores? Si lo miramos desde fuera se pueden considerar así, porque los sueños trastornan el sosiego del cuerpo y de la mente. Si los miramos desde dentro, si cada uno analizamos lo que son los sueños para nosotros…tal vez no sean considerados una perturbación y sí lo sea el despertar.

No sé si es necesario tener sueños mientras se duerme, no sé si las personas que dicen no soñar nunca, los tienen y no lo saben. No sé si los sueños están ahí, incluso antes de que seamos conscientes, y sólo algunas personas, en determinados momentos, son capaces de recordarlos, no sé. Sólo sé que forman parte de mi vida, quiera o no quiera. Que se adueñan de mí y en ocasiones no me dejan descansar como debiera. Sin embargo…otras veces…ha resultado agradable soñar. El sueño me ha proporcionado estar dentro de una película, donde yo era la protagonista. Porque he soñado verdaderos largometrajes, ¿verdad Guerrero?, no tan largos como el sueño de Antonio Resines pero, sin duda, dieron para mucho.

Hoy en día preferiría no soñar…tal vez diga esto porque esta noche ha tocado soñar con algo no agradable, si hubiese sido un buen sueño…si hubiese sido un buen sueño quizás no estaría escribiendo ahora. Pero en la etapa de mi vida en la que estoy no necesito soñar. Y digo bien porque, sobre todo en mi adolescencia, los sueños eran muy importantes para mí y en ciertas ocasiones yo quería soñar, necesitaba revivir un gran sueño pasado o quería que mi vida incorpórea mejorara lo que había sido un día malo. Muchas veces me acostaba pensando cómo quería que fuese el sueño de esa noche y con quién quería soñar. Me esforzaba en imaginarlo, en empezar unas imágenes en mi cabeza para que, cuando el sueño se apoderará de mí, continuara mi ilusión por donde la había dejado, pero sin la necesidad de esfuerzos, proporcionando exactamente lo que quería ver.

Pero nunca pasaba… Los buenos sueños venían cuando menos lo esperabas. El resto de las veces, quitando las pesadillas, no eran malos pero no eran el esperado, el que te hace desear no haber despertado. Y es que no se puede mandar lo que quieres soñar, sin embargo, una vez enfrascados en el sueño, sí podemos, en ocasiones, tener consciencia de que es un sueño e intentar tomar el control, un control que no es control porque no te permite dirigir el sueño hacia donde te gustaría, no, sólo puedes tener consciencia de que es un sueño y elegir despertar. Y es curioso cómo la consciencia se mezcla con la inconsciencia. Cómo, a mitad de un sueño repetido, recuerdas haberlo soñado y oyes tus propias palabras al pensarlo. Porque si ya de por sí es intrigante soñar, aun lo es más el volver a soñar lo mismo, repetir sueños o la esencia de uno. Cuántos no habrán soñado que podían volar y en distintos sueños lo han hecho. Yo nunca. Nunca he podido volar, uno de los sueños que más se me han repetido no ha sido ese, yo no podía salir volando de mi ventana y observar mi colegio desde arriba, mi casa, viajar a otro lugar… Yo sólo podía bajar a la calle por la ventana del cuarto de pila o, en otra ocasión, por el balcón. Bajar suavemente, como flotando. Yo no he experimentado el viaje astral, creo que lo he intentado pero mi cuerpo físico siempre se iba detrás del astral y despertaba sintiendo que aterrizaba en la cama, notando el pequeño vibrar de los muelles del colchón.

Sí, soñar puede ser maravilloso pero ya no es necesario para mí. Por eso ahora cuando me despierto, aunque el sueño haya sido agradable, la sensación es que no me han dejado descansar bien. El Guerrero me dice: “No me extraña que estés cansada con esas películas que te montas por las noches. No me extraña que tengas tan mala memoria si tienes la mente llena de sueños”. Si es verdad que los que sueñan mucho tienen muy mala memoria, en mi caso por lo menos así es, ya no quiero soñar más. Que mis sueños se vayan para quien los necesite. Yo estoy bien con mi vida corpórea y con mis otros sueños, mis metas.

Como decía Calderón de la Barca:

¿Qué es la vida? Un frenesí.

¿Qué es la vida? Una ficción,
una sombra, una ilusión,
y el mayor bien es pequeño;
que toda la vida es sueño

y los sueños, sueños son.

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  1. Comodoro
    25 mayo, 2011 en 8:39

    Dios DamaMora, que intensidad.
    Sabes que creo???…pues que has llegado a tu ultimo sueño, y tu, cuando decides, y no quiere decir que lo consigas, no querer soñar mas, lo que estas es reconociendo que una etapa de tu vida, que se ha cerrado, va a dejar paso a una coleccion de nuevos sueños, mas reales, por los que estas deseando pasar.
    Dentro de poco, ya veras, tus sueños daran un giro espectacular……….y yo que lo vea.

  2. el filosofo
    25 mayo, 2011 en 18:12

    Yo espero no dejar nunca de soñar, ni dormido ni despierto y pienso que el día que lo deje de hacer malo será.
    Soñar y vivir los sueños… no quiero más!

  3. 26 mayo, 2011 en 19:37

    Lo siento por los otros compadres; pero este ha sido, de lejos, el mejor post de toda la Morada. ¿O no es esta Morada una posada de sueños?

    Los sueños son una puerta a la que estamos atados. Hubo un inglés que decía que “estamos hechos del material del que se fabrican los sueños”.

    Pero yo me quedo con una idea de Moradama: “no se puede mandar sobre nuestros sueños”.

  4. 31 mayo, 2011 en 13:26

    Simplemente fantástico moradama. Me ha encantado este post. Pero creo que los sueños son importantes, muy importantes, y te hacen ilusionarte y seguir creyendo que los sueños, esos que nos acompañan en la noche y en el día, son posibles. Aunque hay veces que los sueños son durisimos y cuesta asimilarlos, y nos hacen revivir episodios de nuestras vidas que querría os olvidar, el problema es que aunque lo creamos no están olvidados, esos momentos malos residen en un rinconcito de nuestros inconsciente y se hacen conscientes al volver a nuestra memoria en forma de sueños horribles…

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