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Desde San Telmo a mi casa, Arias Montano.

La Morada se digna en presentaros un nuevo personaje de nuestra Sevilla. Si bien, no nació en nuestra bendita ciudad, sí tuvo momentos destacados en élla, así como el más importante; se vino a morir en el lugar bendito dónde todo ser humano debe descansar eternamente. Qué lugar más placentero que la ciudad el Guadalquivir, La Giralda y el Parque María Luisa. Bueno y ya de la Seta de nuestro terminado, ultimado, zanjado, finalizado, consumado y finiquitado alcalde, por no decir acabado…

Este erudito extremeño, vio la luz en 1527 en un pueblo “conocido” por mí como Fregenal de la Sierra. Si el remitente señalado con mi índice derecho lee esto, se dará por aludido…

Este exquisito teólogo, humanista, y conocedor del mundo hebreo tiene en su casa una pléyade de homenajes a su figura. Por un lado, tiene una calle cercana al Centro de la ciudad, allá por Jesús del Gran Poder y la Alameda de Hércules. Po otro, muy cercano a mi casa y al último bar dónde la cogimos bien, ¿verdad filósofo? tiene un colegio público bajo los designios de su nombre. Hasta ahora nada que este humilde “juntaletras” no supiera.

El dato que me impulsó a traeros a este extremeño de nacimiento y sevillano de adopción fue el encontrarme casi por casualidad,  que una de las tallas en piedra que protegen el Palacio de San Telmo ante toda clase de espíritus malignos representa a este cultivado conocedor de las costumbres islámicas.

Prometo próximamente llevar a vuestros hogares todas y cada una de las efigies que gobiernan dicho edificio.

El mismísimo Lope de Vega, le compuso un poema de lo más singular:

Aquí Montano reposa,

de la Biblia sacra un sol,

un Jerónimo español

y un David en verso y prosa.

No se acabará jamás,

aunque en estas losas cupo,

que si muchas lenguas supo

son las que le alaban más.

 

Si singular era el poema, más singular y curioso el trabajo del padre, notario de la Inquisición. ¿Es o no es curioso? Piénselo…

Si por algo destacó fue por su alta catalogación en Teología,  aptitud que le sirvió para formar parte del elenco de miembros del Concilio de Trento, así como de la Biblia regia. Este gran estudioso de la Biblia.

Quince años antes de que la señora de la hoz y la casaca negra fuera a visitarlo, se retiró a Sevilla, dejando a un lado todos los privilegios y cargos que le fueron destinados por Felipe segundo en su estancia en El Escorial.

Este gran filósofo, eminente escriturario, sabio humanista y dulcísimo poeta, como lo denominó Menéndez y Pelayo ¿Os suena? Tirad con coche de María Auxiliadora en dirección El Prado y ya me contáis… murió en Sevilla en 1598, dejando a sus espaldas innumerables traducciones a varios idiomas de la Biblia y su amor por la Familia, llegando al punto de crear grupos secretos para vender esos pensamientos entre sus seguidores.

Su cuerpo descansa en la Cripta de la Iglesia de la Universidad de Sevilla…

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  1. el filosofo
    1 abril, 2011 en 11:09

    Siempre pensando que ese colegio se llamada “de los moros”, son esas pequeñas cosas de nuestra Sevilla que a mí tanto me gustan. Calles, plazas y demás que pese a tener un nombre “oficial”, el pueblo le ha impuesto el suyo propio.
    Que me gusta esta sección….callejeando por Sevillaa!!

    besos y amor!

  2. 1 abril, 2011 en 11:12

    Lo de colegio de los Moros fue como lo catalogó el pueblo ya que en la época de la Guerra, ese edificio, o uno anterior que ahí había, (no lo sé…) era un hospital dónde se metía a los moritos enfermos…cosas de nuestra Sevilla.

  3. heliopb
    2 abril, 2011 en 23:22

    Hablando un poco a colación del adjetivo por tí utilizado -“juntaletras”- como tu le llamas a Arias Montano y de las “Cositas de mi Sevilla”, me llegan a mis recuerdos los palabros que un miembro de la tribu del final de calle Castilla, me hizo llegar una jornada anterior al deseado Domingo de Ramos sevillano cuando colocábamos las luces que nos llevarían a Hispalis desde nuestra capilla de Triana. Dichas palabras son las “letrasjuntas” que utilizamos los ciudadanos de esta urbe para poder comunicarnos con los demás vecinos., tales como “abichao” para definir algún alimento en mal estado, “acarajotao” para dirigirse a una persona “alelá” o medio dormida.
    He empezado por la primera letra del abecedario, nuestra gran A, a fín de continuar aportando entre los blogueros interesados un hilo donde enseñar palabras de uso común en nuestra tierra y que no aparecen en ningún diccionario.

    PD.: Todo esto, claro, con el permiso del guerrero.

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