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El Valor de la Amistad

Recientemente he mantenido una divertida corresponsalía con un amigo. A decir verdad, más que eso: ¡Un hermano!… Una persona a la que acompañarías al fin del mundo sólo por el mero hecho de la confianza y acciones demostradas durante toda una vida y en la que tendrías fe y confianza ilimitada…
Esta es la historia de una relación de amistad y camaradería. Una historia para los que piensan que Nuestro señor y su Bendita Madre ejercen protección y cariño por todos los que confiamos en el Divino Mensaje que nos ha sido transmitido por las infinitas generaciones que nos precedieron haciéndonoslo llegar. También para los que piensan que nuestras Hermandades y Cofradías son un ente banal en el que trasnochados especímenes ocupan parte de su tiempo en cuestiones baladíes ancladas en un pasado que nunca fue mejor…
Para vosotros: mujeres, hombres, niños… !Cofrades todos!, es esta historia.
Para aquellos que aborrecen y abominan de nuestras Sagradas creencias… !También!.

Todo comienza con el envío de una fotografía acompañada de un jocoso mensaje. No había para mucho más. Sin embargo, cómo veréis, el asunto se fue extendiendo hasta derivar hasta lo que sigue a continuación…
Disculpad que por razones obvias, de cortesía e intimidad, omita algunas identidades, mas la historia, al igual que sus personajes, es… genuinamente verdadera.

Primer mensaje: La chanza…

No me puedo creer que llevaras puesta una camisa de color pistacho…

¿Quieres que le cambie el color con Photoshop?.

Un abrazo, hermano.

Segundo mensaje: La respuesta jocunda…

Querido hermano en Xto. Ntro. Señor y Cachorro del Universo:

Los comentarios al respecto a la instantánea que me remites no pueden ser fruto más que de la “retranca trianera” que posees y la que, dicho sea de paso, ambos compartimos. Ruego al Stmo. Cristo para que nos la conserve por muchos años.
En aras de esta incuestionable realidad, previamente, te ruego realices una serie de fáciles operaciones: repanchíngate en el sillón, enciende tu pipa, vete retorciendo el mostacho y echa un ratito, que espero placentero, en leer esta misiva.

Vamos a ver, querido… en la vida me he puesto una camisa tan fea como esa.
Que no tenga buen gusto no me hace vulnerable a caer en ese tipo de coloración en la indumentaria que uso y mucho menos hacer gala de ella y “lucir” puño bajo la piel sagrada que nos reviste en tan señalado y único día.
Más que nada es que a la Santa Tela que nos distingue del resto de los mortales no le pega otra cosa debajo de ella que no sea una camisa blanca, al menos a mi modesto gusto. Sabes, además, que soy de los poquitos que en los últimos años usa corbata negra aunque el antifaz la haga invisible…
Con ello intento dignificar aún más, si cabe, el enlutado día que nos reúne, a la par de hacer un pequeño e íntimo homenaje en el recuerdo a mi padre. Para ello, uso una camisa y una corbata suyas, exclusivamente para y, por ese día…
Aunque el lugar, la cita, la hora, el momento y el sentido de todo lo que nos une en tan melancólica y a la vez alegre tarde sea único, bien sabes que hay tantos Viernes Santos como hermanos y devotos somos. Cada uno lo vive a su manera pero siempre cosidos devocionalmente al visible manto burdeos de Nuestra Señora, Madre del Dios Único y Verdadero, y Patrocinio de nuestra vida.

Por otra parte y entrando ya en materia, desconozco la identidad del hermano que es protagonista de la referida instantánea.
El caso es que dándole algunas vueltas al asunto observo unas cuantas cosillas que me gustaría compartir contigo…

A saber:

1) El fotógrafo se me antoja ubicado en el trozo de la calle Velázquez, lugar previo a la entrada en La Campana; ocultándose al fondo la confluencia con la calle O´Donnell.
La luz del día, el suelo encerado de múltiples colores de tantas Cofradías ya pasadas, la presencia de agentes de la Policía Local en los aledaños, la disposición de unas vallas de color rojo a la derecha de la imagen (e imagino también a la izquierda), la amplia compresión del cuerpo de nazarenos que se amontonan detrás de la Cruz de Guía y la propia disposición del desconocido protagonista (horario y reloj en mano con diligente actitud) así lo parecen indicar.

2) Este año 2009, segundo por cierto en el que he tenido el honor de ser Diputado de Nuestra Sagrada Cruz de Guía, he portado una vara corta con asta de madera en cuya galleta se representa una gastada efigie del rostro de Ntro. Stmo. Cristo en una refulgente aureola. Preciosa y sin punto de comparación, por elegante, con la que sostiene nuestro de momento desconocido hermano…
Por otra parte he de confesar también que lo mismo de elegante resulta incómoda de llevar; precisamente por su corto tamaño y descompensado peso.
Una vara cabezona… dando la vara.

3) Mi primer año como Diputado de Cruz de Guía fue en 1998; siéndolo, como Mayor de Gobierno N.H.D. José María Macías.
Como recordarás ese año el paso de Ntro. Stmo. Cristo tuvo que refugiarse en la Parroquia -propiedad de nuestra vecina Hermandad de la O- debido a las inclemencias meteorológicas. Por dicha circunstancia -el que suscribe- sólo llegó con el Cortejo hasta el final del Puente de Triana. Fui, por tanto, uno de los pocos nazarenos del Patrocinio que en procesión ese día llegara a poner los pies en Sevilla…
Triste récord, por otra parte.

4) Como bien sabes, entre unas cosas y otras, o sea, “la lluvia de las narices”, ya hacía algún tiempo que no llegábamos tan lejos en nuestra Estación de Penitencia.
No tendré que recordarte que el año 2008 fue el primero -de la etapa de N.H.D. José María Ruiz Romero como Hermano Mayor- en el que completamos el recorrido.
Famosa e histórica fue la ovación que, a la Cruz de Guía de la Hermandad, se le “propinó” como adelantada embajadora de lo que venía detrás…
Hago hincapié en el detalle porque ese año iba de diputado de los “ensolerados” nazarenos de la escolta… de: El Que Venía Detrás. !Casi nada!…
Regresé a un puesto conocido por mí en épocas pretéritas (Aldea, Belmonte…) y tampoco he de recordarte que fuiste Tú quien dispuso que lo ocupara.

5) Así que, recopilando información, esa fotografía bien pudiera ser de la Estación de Penitencia de 2008 o en su defecto, anterior a 2004; nunca de 2009.
Recordaremos tristemente el 2004 (primero de nuestra Junta de Gobierno) con un traicionero aguacero, en la calle Reyes Católicos, de “agárrate y no te menees”, siendo tú el Diputado Mayor de Gobierno.
!La cantidad de lágrimas que se nos escaparon aquella angustiosa tarde!…
Por otro lado, y por qué no decirlo, las que por otros motivos también rodaron por nuestras mejillas ya henchidos de satisfacción cuando fuimos capaces de “propinar” a la Hermandad, a Sevilla, y a Triana, una Gloriosa vuelta a casa el Domingo de Resurrección…
De los muchos recuerdos y detalles de aquel día, quiero quedarme con la instantánea del paso del Stmo. Cristo vuelto en la puerta de la Hermandad de la O y ambas Juntas de Gobiernos abrazadas en una sola, rezando un sentido Padrenuestro.
!Llorábamos como niños!… o, mejor dicho, como los hijos del mismo que con su dulce expresión y suave jorobita portaba la Cruz y que en Ella parecía que nunca moría…
Ese año para mí tiene aún un matiz que lo hace más especial. Fue el último Viernes Santo que mi padre vivió y sufrió… También tengo el especial recuerdo de verlo alegre disfrutando de la tarde, de su Cristo y de contemplar a toda la familia repartida en el Cortejo o por cualquier sitio de la calle Castilla. Íbamos alegres sin saber lo que meses después Él le tenía dispuesto.
!Gracias, Cachorro, por haberle dejado disfrutar en aquella tarde!…

6) Te mando la fotografía, correspondiente a la pasada Estación de Penitencia, donde el que aparece como Diputado de Cruz de Guía sí es el que suscribe.
Modestia aparte… aún con el antifaz calado, a mi parecer, soy bastante más apolíneo que el desconocido hermano de “marras”, y del que espero me des norte de su identidad. Más que nada es por despejar la curiosidad que la foto me ha suscitado y… para recomendarle un sastre que le eche el dobladillo una cuarta para abajo (camisas aparte, merece incoación de expediente y citación del Fiscal de Reglas).

Sin más, espero haberte servido de un rato de asueto y relax con esta misiva, fruto a su vez de tener un momento de ocio en un mar de ocupaciones y preocupaciones.
La fotografía que enviaste y tu socarrón comentario me provocaron dejar libre, si no la pluma, sí los deditos en el teclado. Te agradezco la posibilidad de que así haya sido.

Recibe un abrazo de esos que tú y yo nos damos cuando nos vemos, con casto y fraternal beso incluido.

P.D.: Y sí… cámbiale el color a la camisa con el “fotochó”.


Tercer mensaje: La aclaración…

Querido hermano en Xto. Ntro. Señor y Cachorro del Universo:

Carezco de tengo tiempo para -como en el mensaje anterior- recrearme en contestarte. !Mis disculpas!.
Antes de que me contestes te diré que no había barajado la única posibilidad que cabe. Y además, creo que es la certera…

Tampoco había reparado en que lo que porta en su mano derecha -nuestro “fantasmal y desconocido” hermano- no es sino el móvil de “marras” que, con su artilugio en forma de pinganillo, tan buen resultado ha ofrecido en la pasada Estación de Penitencia.
Delante estaba yo (no salgo en la foto) y ha sido entonces cuando he dado con el personaje…

El “desconocido” no es otro que el bueno de N.H.D. ….. …….. ….., a la sazón diputado de ……

Llegados a este punto doy por concluida mi investigación y mi carta en la espera de que te sea aclaratoria y deseando fervientemente se le incoe el oportuno expediente a nuestro hermano en Xto…
No sé yo hasta qué punto plantearse el hecho de su expulsión fulminante de la Hermandad, (es broma como comprenderás).

!Con esas camisas no se puede ir ni a pintar el trastero de tu casa!…

Recibe nuevamente un eterno abrazo de esos que tú y yo nos damos cuando nos vemos, con casto y fraternal beso incluido.

Cuarto mensaje: La pertinente disculpa…

“Verba inter homines obtinuerum principatum significandi et amicitia amicorum magnam laetitiam nobis parat”…

Muy poderoso Señor al que mil vezes beso las manos: Bien pensará V.M. que el estarse tan retirado le ha de excusar que le venga a importunar su servidor siempre que haya ocasión para ello. ¡Pues engáñese!, que le he de escrivir i gozar, i valer de su persona en lo que hubiere menester. principalmente porque que esta lizencia me la da mi voluntad, i la afición que tengo, i tendré siempre a todo lo que fuere de su servizio.
Por cierto, Señor mío: que mi deseo de servir a V.M. es tan animoso, que cuanto más yo me retire, más tendrá V.M. seguro del; i sabré retirar el paso del lugar en que allar entendiere algo de su mal empleo, i no bolver las espaldas a ninguna dificultad que se le ofrezca.
I puesto que la benignidad de V.M. (Dios le guarde mil años) es equiparable a un Palacio donde la Portera es la Afabilidad, la Magnanimidad Mayordoma, la Liberalidad Maestresala, la Prudencia Consejera, i la Sabiduría Secretaria, vuestro servidor no tendrá más que gozar del servizio a su Excelencia, i acatar por mil razones, que mi padre i abuelo (buen siglo hayan) i que sabían mucho, i lo dirían siempre assi, el excusar a su servidor tras su meressida puesta en quintas.
I assi, le hará a V.M. particular agravio si su servidor le negare las ocassiones en que pudiera darle forma en que muestre mi disposizión a su servizio, i no me defraudará el gusto i ganancia que me resultarán del cumplimiento de mis obligaciones; conforme a lo cual podrá V.M. començar a mandar, desde luego, todo cuanto le fuere servido…

Mi muy noble hermano en la devoción, fervor y servicio a Nuestro Santísimo Cristo Expirante por nuestros pecados, Creador de todo cuanto nos rodea, Padre amantísimo, e Hijo dilecto de Nuestra Bendita Madre, la cual es Refugio, Amparo y Patrocinio de nuestras vidas…

Hete aquí que vuelvo de mi retiro en el siglo XVI -donde con frecuencia moro- para hollar el descanso del entrañable amigo y camarada terrenal por el que te tengo (hasta que el Bendito e omnipotente Cachorro nos reclame a su presencia) e importunar, con mi tosco discurso, el bien merecido momento de sosiego que sin duda mereces.
Heme aquí, en genuflexa posición ante tu persona, y con un medio distinto del amanuense modo, en el torpe intento de suplicar de tu benevolencia las inexcusables disculpas que se derivan de la confusión cometida hacia tu persona, las cuales y en ejercicio de tu probada caballerosidad, calificaste de “retranca trianera” cuando su único apelativo sería el merecido y correspondiente a la osadía del ignorante….
Así pues, no diré nada más en mi descargo para remover de tu ánimo el perdón hacía mi culpa y sólo, tras el imperdonable error cometido, reseñaré mis pesquisas para dilucidar la identidad de nuestro desconocido:”Quidam “.

Antes, y como inexcusable preámbulo, he de agradecer el maravilloso discurso con el que tuviste a bien hacerme caer del error, y el gozo y disfrute que me causo su lectura. Tu humilde servidor quisiera tener uno equiparable a su altura, sin embargo he de entender que tan maravilloso don no está a disposición de todos los mortales y si al de unos pocos entre los que, sin lugar a dudas, te encuentras. También, que atendiendo a tus recomendaciones seguí las mismas al píe de la letra, con las únicas diferencias (la ocasión lo merecía) de encender un soberbio Partagás D4, escanciar un generoso trago de brandy, y audicionar el Intermezzo sinfónico “Cavaleria Rusticana” de Mascagni. Una de mis piezas favoritas…

Vamos a ello:
He de comenzar con otra rogativa excusatoria: la derivada de la tardanza en la respuesta.
Recordando a nuestro común y llorado amigo, Q.E.P.D. Juan José García de la Vega Rincón “el Boína”, me vino a la memoria una de sus costumbres…
Amante de la conversación aborrecía quedarse “in Albis” en cualquiera de los temas a los que pudiera referirse el debate. Te pongo por ejemplo que si esta versaba sobre las sardinas y su desconocimiento sobre la materia se antojaba en supino modo, callaba expectante. Días después, y retomando conversación y contertulios dictaba lección magistral sobre el tema abundando sobre la temperatura idónea para su pesca, los miles de Tm. qué -tras el faenamiento- pudieran arribar a los diversos puertos, los costos de flete y facturación, los meses del año en que pudiere existir moratoria, el número de buques que componían la flota y, los nombres y apellidos de todos los patrones mayores de las diversas Cofradías pesqueras…

Evidentemente, y en prevención de poseer información incompleta, conexa, carente de errores y ajustada al propósito, he procurado recabar todos los datos con los que darte cumplida cuenta.

La primera medida, concreción.
Fecha en la toma de imágen…
Entiendo que no habrá escapado a tu sagacidad que el registro electrónico que se imprime -de forma subliminar en la misma- arrojaba los siguientes datos: Cámara Nikon mod. E7900, imagen obturada a f. 4/8, tiempo de exposición: 1/109s, distancia focal: 8mm, longitud focal: 35mm, apertura máxima: 3, exposición normal, y lo más importante: fecha de captura día 10/04/2009 a las 18h 17m PM.

La segunda, averiguación.
Cuantas y qué personas tenían la potestad de circular por la Cofradía (comunicador y horario en ristre) para ser recogidas de forma fotográfica en tan señalado lugar y, según tus muy doctas palabras: (sic) en diligente actitud.

La tercera, eliminación.
Es evidente que en un reducido número de individuos de los que conocemos gestos, posturas, tics, ademanes, costumbres, complexión, estatura etc, no nos es muy difícil, por muy tocado de antifaz que se muestre, señalar su identidad.
Hago aquí un inciso y vuelvo a reiterar mi petición de disculpas al no haber reparado que nuestro citado “Quidam” no podías ser tú habida cuenta de una serie de trazas inconfundibles que para los de “dentro de la casa” no se pueden escapar de soslayo.
A saber: inmaculada túnica, correcta botonadura, impecable anudamiento del cíngulo, brillante calzado, elegante y airosa caída de la capa y… algo que te hace inconfundible a nuestros ojos: ese sutil planchado del antifaz en el que su pliegue se ciñe a la más pura ortodoxia cofrade que nuestros mayores nos enseñaron a utilizar.
Te pido perdón de nuevo, amigo mío… Un fallo imperdonable de apreciación y apresuramiento en la chanza.
Prosigo pues: Con estos datos como caletre sólo podría tratarse de tres personas de las que por eliminación, según lo anteriormente relatado, nos daba a una como resultado.

La cuarta, comprobación.
Una vez conocida la identidad de nuestro “personaje” solo me quedaba la feraz demostración de los hechos. A tal fin: “interrogatorio al canto”…
Llamada de tfno., -uno por uno- e inteligente conversación de matices que nos dieran eficaz respuesta. Posteriormente, café o cerveza -con cada uno de los interfectos- y nueva ronda de pesquisas. Todo ello con la mayor discreción…

La quinta, Confesión.
Tu apreciación primigenia fue certera en cuanto a la identidad…
Abrumado por el despliegue de información que puse ante su atónita y expectante mirada nuestro ya no desconocido amigo no tuvo más remedio que confesar su “crimen”… Evidentemente, y con todo el cariño filial que como hermano le he de profesar, mi amonestación fue todo lo suave en la forma y contundente en el contenido que hubo menester, recogiendo su promesa de que tan lamentable hecho no volvería a repetirse.

 
Coda:
Te remito la imagen que tuviste a bien incluir en sustitución de la por mí remitida. Semáforos, globos, antenas, etc. la desmerecían un tanto. En este sentido sabes que soy un tanto “especial” y enemigo de elementos discordantes. La “magia” de Photoshop es autora del “milagro”…
Espero de tu benevolencia la aprobación a sus modificaciones.

Epílogo:

Este es el final de la historia. Una historia feliz… Y de feliz la trato porque de la misma se deriva el componente de mayor importancia: ¡La amistad!…
Amistad verdadera y filial, que nos une en cualquier momento, ante las vicisitudes de esta azarosa vida; amistad refrendada en multitud de ocasiones y que estimulamos día tras día; amistad sin límites en la que cualquier hecho aciago es superado por ella; amistad franca, sincera, desprendida, leal …

“Amicus fidelis protecctio fortis; qui autem invenit illum, invenit thesaurum. Amico fideli nulla est comparatio, et non est ponderatio contra bonitatem illus”.

Gracias amigo por el privilegio que me otorgas con esta sublime consideración. Eternamente… ¡Gracias!.

Y ahora, con tu permiso, vuelvo a mi retiro en el siglo XVI…

..más prometo a V.M. que en oyendo o viendo en el futuro causa ficticia, me temblarán las carnes por ser cosa privativa y tiránica de la Razón, negando entrada a la desnuda senzillez i privando la jurisdición de la Astucia que suele acudir en casos necessarios para lograr enteramente sus intentos.
Por esto lo recelo, i por esto lo digo, i por esto muestro a V.M. el temor que se infiere del error. I agradezco la nobleza, zelo y prudencia que V.M. me muestra con su proceder i estilo, asegurando de todo lo que de otros pudiera rezelarse.
I prometo a V.M. que no habré en otro intento que el de ser su émulo, lo cual es grandissimo gusto para mí; i en siguiendo su consejo, i en mirándome en su espejo,
i en ejecutando Cristianamente como V.M., es cierto que podré ganar con ello merecimiento para la Salvación.
Quede V.M. con Dios, i que a vuestro servidor le ilumine en todo lo más que fuere servido, que si ello fuere para su servicio, lo desearé i estimaré más que para el mío propio…

 

Quinto mensaje: El inmerecido elogio…

 

Querido hermano.

¿A quién me estoy dirigiendo? ¿Quién me escribe? ¿Qué extraña sensación de grandeza y humildad se entremezclan en una carta?…

 

Han pasado los días y aún no me he repuesto de lo que mis sentidos me han transmitido a través de lo leído. Que supiera de tus aficiones es una cosa y otra bien distinta es el haber recibido un regalo tan desproporcionado a mi escaso mérito como el que tu misiva me ha reportado. ¿Un regalo digo?… corto me quedo. Un tesoro propio de museos, bibliotecas y códices incunables; de obligada lectura para todo aquel que en castellano quisiera expresarse. Un tesoro puesto por ti ante mis ojos. Y como tal lo cuido por saber lo que vale y provenir de tu desmesurada erudición y cortesía.

 

Pudiera dar la sensación de que tu quehacer es sumergirte en los siglos precedentes para beber de la fuente de la sabiduría. Lo realmente cierto es todo lo contrario. Eres un anacrónico y gallardo caballero ilustrado. Y lo eres de aquellas épocas en las que embozado en capa y alumbrado por candil tiene la deferencia de aparecer ante nosotros en pleno siglo XXI con tu pluma de oca y pergamino como adalid de la historia, de la literatura, y para nuestro deleite.

 

Y como tal tesoro,  tu misiva leo y releo como clásica obra que ya para mí lo es. Y cuantas veces lo hago, más satisfacción me reporta.Y lo hago, ensimismado, porque siempre le encuentro un pequeño matiz, allá o aculla, que lo mismo me hace esbozar una sonrisa, que asombrarme por esa o aquélla expresión impropia de los tiempos corrientes, genuina a su vez , de pretéritas e ingeniosas plumas.

Resultaría increíble si no supiera del autor del texto, más resulta impagable, sabiendo que viene de ti.

 

El fondo de la materia bien sabe Dios que es lo de menos. Muy atrás se queda la anécdota de la fotografía del “desconocido hermano” -ya con nombre y apellidos- al que le estaré eternamente agradecido por haberme reportado tanta fortuna. Como todas las cosas de esta vida, la eterna dualidad entre el fondo y las formas queda de nuevo patente. La importancia de lo que se quiere comunicar, y el cómo comunicarlas. Maestro de ambas muestras eres, y afortunado el que sepa distinguir y saborear en toda su intensidad tal maestría. Juntaletras abundamos y aparecemos por doquier, creyéndonos algunos, que somos los herederos del mismísimo Cervantes. Herederos seremos por españoles, pero mancillando con nuestra incultura hacemos flaco favor a la memoria de todos ellos. Por contra, clásicos a la altura de los que jalonaron nuestro idioma con sus hitos y enseñanzas, sois realmente pocos.

 

Torpes éstas mis palabras, que bien podría haberlas resumido en lo simple ante tanta magnificencia regalada. Tu generosidad no tiene límites y bien que debiera inclinar mi cabeza ante la sola mención de tu nombre. No es retórica… y mal pagador me siento.

 

Gracias por tus apariciones esporádicas y dejar patente de dónde y de quiénes procedemos. No dejes de iluminar nuestra ignorancia. Favor que te pido abusando aún más si cabe de todo lo que nos une.

 

Mil gracias mi amigo.

Cien mil gracias, mi hermano….

 

Despedida:


Aquí finiquita la narración… Que el Stmo. Cristo de la Expiración y su amorosa Madre del Patrocinio os bendigan y protejan todos los días de vuestra vida.

!Gracias por vuestra atención!.

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